Cambio de políticas saludables

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Nuestro país tiene todavía políticas obsoletas y que van en contra de mantener un buen estado de salud, activo, una alimentación sana que propicie un buen estilo de vida.

 

Dos son los pilares sobre los que deberíamos construir nuevas políticas para incidir sobre los hábitos de la gente, que son conductas arraigadas y que conllevan bastante tiempo para modificarse, por lo tanto no es tarea fácil.

El primero es la alimentación, y el segundo la actividad física.

Vivimos en una sociedad consumista en la que queremos todo y de manera inmediata, pero nuestra salud trabaja al revés, con pequeñas conductas, que suman a lo largo de nuestra vida un buen estado de salud, y de las que somos completamente responsables.

Tanto las personas, que son en última instancia responsables de su salud, como los políticos y gobernantes, tienen la responsabilidad moral de propiciar con sus gestos y políticas un buen estado de salud entre la población.

 

La mayoría de expertos coincidimos en que la clave es la educación, una buena educación alimentaria, y fisicodeportiva así como de otros hábitos saludables.

Pero para que esto ocurra se necesita una confluencia de todas las instituciones y sectores de la sociedad para que el mensaje sea claro y unísono.

No sirve promover el consumo de fruta y verdura si diariamente nos bombardean con anuncios de comida rápida en la TV, por la calle, en la radio y en la prensa.

No sirve promover el ejercicio físico diario si en nuestra ciudad no contamos con las suficientes infraestructuras para practicarla (carril bici, pistas accesibles, jornadas abiertas con profesionales…) y si además grabamos el ejercicio con un IVA del 21 %, tampoco estamos favoreciendo la práctica de ejercicio físico, ni la salud de la población.

 

Está bien los impuestos al tabaco y al alcohol, ¿pero y a aquellos alimentos con grasas trans, altas cantidades de azúcar y sal?

Resulta que estos alimentos al ser tan baratos, son más consumidos por la población, y desencadenan un gran riesgo para la salud de sus consumidores.

Hay que centrarse en la prevención.

Y tener en cuenta que la persona con más factores de riesgo cardiovascular (tabaquismo, hipertensión, diabetes, obesidad…) es la que más se puede beneficiar de los cambios en su comportamiento y mejorar por tanto su esperanza de vida (1).

No obstante, no debemos llegar al punto en el que la suma de factores de riesgo cardiovascular repercuta de manera negativa en nuestra esperanza y calidad de vida, hay que centrarse en la prevención.

Estas medidas a parte de ser intrínsecamente deseables, pues aumentarán las conductas saludables; reportarán indirectamente una reducción del gasto sanitario, que actualmente es abrumador en enfermedades crónicas y cardiovasculares.

 

Como publicamos hace unos meses en Estrategias para evitar la obesidad, el tiempo sentado se relaciona con mayor riesgo de accidente cardiovascular.

 

En palabras de Alicia Martínez (2), presidenta del COPLEF Madrid, en la editorial del número 412 de la Revista Española de Educación Física y Deportes: “algo está cambiando en nuestra profesión.”

Aunque ya se han presentado propuestas como la receta deportiva, el fomento del deporte adaptado, la ley de mecenazgo y patrocinio, planes I+D+I, el apoyo a deportistas de alto nivel, o la lucha contra la corrupción en el deporte, todavía queda mucho por hacer.

 

Nosotros seguiremos reclamando este derecho fundamental para que todos disfrutemos de un correcto estado de salud, esperemos que la voluntad política sume la sinergia necesaria para empezar a ver resultados: un cambio de actitud general frente a la alimentación y la práctica de ejercicio.

 

Referencias

 

  1. Graham I., Atar D., Boisen G. et al. Guías de práctica clínica sobre prevención de la enfermedad cardiovascular: Rev Esp Cardiol. 2008;61(1):e1–49.
  2. Martín Pérez, A. (2016). Editorial. Algo está cambiando en nuestra profesión. Revista Española de Educación Física y Deportes, 412, 13-14.

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