El Hapkido en el marco de la educación física

(17) Conclusiones

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Las Artes Marciales suponen una actividad altamente enriquecedora y motivadora desde muchas perspectivas,

desde el plano psicosocial y afectivo hasta el cognitivo-motriz, pasando por la vertiente lúdica y la catarsis que generan la amplia variedad de movimientos que se pueden generar.

Además de su filosofía característica, las Artes Marciales se desarrollan en un contexto cultural determinado (en el caso de Corea, con muchos intercambios culturales). Comprender la evolución que ha sufrido el Arte Marcial hasta llegar a nuestros días, y comprobar que efectivamente todavía hay rasgos característicos que definen a los diferentes estilos marciales, y nos permiten diferenciarlos de otros, aunque a veces sean diferencias muy sutiles pese al paso de siglos de influencias, es maravilloso.

En las Artes Marciales, es imposible llegar a saber todo, a conocer todo el repertorio de técnicas, movimientos y experiencias que ofrece un Arte Marcial. Sí es cierto, que tras muchos años de práctica, se puede conseguir cierta destreza y dominio.

Personalmente, tengo la sensación de que conforme aprendo algo, me doy cuenta de todo lo que me queda por aprender.

Esto es otro de los aspectos maravillosos que ofrecen las Artes Marciales, nunca dejamos de aprender. Incluso después de cinco años realizando la misma llave, todavía somos capaces de extraerle más jugo, de sacar una variante nueva, un nuevo rango de movimiento inclinando ligeramente la muñeca del compañero hace que se vuelva una llave mucho más efectiva, una llave “diferente.” Una inclinación apenas perceptible por el compañero que nos observa, pues aparentemente es la misma luxación de muñeca; pero haciendo menos fuerza hemos conseguido mejor resultado.

 

Independientemente de la formación inicial del profesorado, surge la necesidad evidente de la formación continua, dado que estos contenidos relativos a las Artes Marciales o a los deportes de lucha no son prioridad de las administraciones educativas, y la cantidad de cursos ofrecidos es casi inexistente, esta responsabilidad pensamos que  ha de recaer en el propio docente, el que como buen profesional tiene el deber moral de formarse en aquellos campos que considere relevantes, tanto por la búsqueda del enriquecimiento personal, como por el de sus alumnos.

 

La defensa personal en las clases de E.F disminuye los comportamientos violentos, por lo que su práctica está más que justificada teniendo en cuenta que es un trabajo que aporta además otros beneficios en el ámbito psicosocial, ético y reflexivo. No obstante, hay que cuidar la metodología de enseñanza, inculcar valores deseables, y procurar hacerlo en un clima distendido y enriquecedor.

Lamentablemente para aprender Artes Marciales hoy en día, en la inmensa mayoría de los casos hemos de recurrir a centros privados, pues es ahí donde se enseñan. Pero esta dinámica no debe, y no tiene porqué seguir siendo así.

Si nosotros como docentes, profesores y maestros, incluimos las Artes Marciales poco a poco en los centros educativos, hasta que se dé a conocer a un abanico más amplio de gente.

Ya no seremos tan pocos los practicantes de Artes Marciales que pedirán una enseñanza de calidad, no sólo dentro de las clases de E.F. sino también fuera, como puede ser en clases extracurriculares, en cursos y en seminarios avalados por instituciones educativas, desde primaria, hasta la universidad, donde se incluiría un grupo heterogéneo de practicantes que abarcaría desde adolescentes hasta la tercera edad.

Esto ya se está haciendo en muchas universidades, pero la oferta de Artes Marciales y el interés que generan, todavía no es suficiente debido al gran desconocimiento de ellas por la mayor parte de la población, por lo que la solución está en las etapas elementales de la educación obligatoria.

 

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