Alimentación, factor clave de salud y sostenibilidad

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Desde hace varios años, el colectivo de dietistas nutricionistas mantiene una pelea importante con políticos y responsables de salud pública para que la figura profesional sanitaria ya reconocida, del Dietista-Nutricionista sea una realidad en la práctica clínica del Sistema Nacional de Salud español, y formen parte junto con médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios, de la prevención y el tratamiento de patologías relacionadas con la alimentación.

Son muchas las enfermedades relacionadas con la alimentación y además son las que más castigan los presupuestos sanitarios, ya que incluyen diversas enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad, la hipertensión, y un largo etcétera.

A la larga lista de beneficios que supondría la inclusión de los nutricionistas en los equipos multidisciplinares de salud del SNS, se le añade una cifra económica considerable, que podemos leer en el informe Alimentación, Factor de Salud y Sostenibilidad,  impulsado por Cariotipo Lobby & Comunicación, con el apoyo de la CEOE y la Fundación Española del Corazón, y patrocinado por Eurosemillas. Del que nos proponemos hacer una pequeña lectura crítica.

Si bien, el informe cuenta con claros conflictos económicos e intereses comerciales por parte de los patrocinadores, no podemos saltarnos por alto una de sus conclusiones:

Si proyectamos al caso español las tendencias observadas en otros estudios de la experiencia comparada, podríamos estimar que una adecuada alimentación supondría un ahorro para el Sistema Nacional de Salud (SNS) de unos 14.300 millones de euros (un 19,3% del total del gasto sanitario público español). p 55.

Y resaltamos la importancia de confiar con el profesional sanitario de referencia en materia de alimentación, ya que el informe parece no señalarlo con rotundidad.

Proponen para el debate que: “Las empresas habrían de reforzar los procesos de calidad y las autoridades supervisar, de manera eficiente, las campañas de educación, para que promuevan la actividad física y las dietas sanas como medida de prevención y, en general, de salud pública.” p13.

Pero olvidan señalar que esta es una competencia de los Dietistas-Nutricionistas. Y que deben ser los principales encargados de los programas de educación alimentaria y prevención primaria en esta materia. Disculpad que insista, pero es que también olvidan señalar quién debe afrontar esta tarea cuando hablan de la prevención de la obesidad y de las estrategias para prevenir la obesidad infantil, y es que está muy bien lo de:

“Promover la alimentación adecuada y la actividad física de niños en edad escolar. El objetivo es fomentar entornos escolares saludables, impartir educación sobre salud y nutrición y promover la actividad física entre los niños en edad escolar y los adolescentes.” p 18.

Pero es peligroso si seguimos dejando a los lobos cuidar de los corderos, o a empresas alimentarias (y otras) con claros conflictos de interés establecer las recomendaciones alimentarias -que pueden estar basadas en otros intereses que no sean los de la salud poblacional-, a fin de cuentas ¿cuál es el objetivo principal de las empresas?

No dudo que a la CEO le preocupe las elevadas tasas de obesidad en España, y seguro que también están preocupados por los años de vida que se pierden por culpa de enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación; pero tampoco dudo de que tienen otras preocupaciones en mente. Dejamos esto aquí para el debate…

En el capítulo 3 del documento, dan un paso enorme sin ahondar suficiente en la problemática actual sobre la alimentación y la salud, hacia la nutrición personalizada. Dejando así la puerta abierta a nuevos estudios e investigaciones sobre nutrigenómica (seguramente también patentes), que por supuesto pueden ayudarnos a comprender numerosas etiopatogenias de enfermedades, y que también puede mejorar la calidad de vida de la población, pero que a nuestro juicio es poner el tejado sin terminar las plantas inferiores, ya que previamente, se han de solucionar los principales problemas que causan las enfermedades alimentarias:

El entorno obesogénico propicia el aumento de esta enfermedad.

– Gran disponibilidad de ultraprocesados y comida basura muy accesible.

– Un adecuado y comprensible etiquetado alimentario.

– Falta de educación alimentaria adecuada.

– Intrusismo y desinformación que pone en juego la salud pública.

-Asegurar alimentos saludables a precio asequible.

-…

Y coincidimos con Ordovás en que debemos ir hacia una nutrición personalizada, pero antes hay que garantizar un servicio dietético-nutricional a la población general en la sanidad.

Si como resaltan en el texto:

“El abaratamiento de la tecnología permitirá el acceso de la alimentación personalizada a la población general.” p26.

… pero no intervenimos sobre la causa de los problemas de la mayor parte de la población, tendremos, tecnologías muy afinadas, pero solo estarán disponibles para un pequeño porcentaje de población, como siempre, los que se lo puedan permitir. Por no hablar de que estas técnicas podrán tratar a un número muy reducido de personas seguramente, en comparación con otras medidas, que ya sabemos que sí son efectivas en la actualidad, y tendrían un impacto sobre mucha más población.

En el informe, sin timidez, los autores exponen que el mercado de la nutrición personalizada es enorme. “Comer es una actividad diaria y, por lo tanto, las oportunidades de personalización son continuas.” Y aquí es cuando caigo en la cuenta, de que tenemos conceptos de nutrición individualizada diferentes. Mientras para nosotros, es individualizar la dieta de una persona en base a la evidencia científica disponible para mejorar y mantener su estado de salud y facilitar la consecución de sus objetivos personales, para los autores del informe parece ser, entre otras cosas, un nicho de mercado para vender productos alimentarios bajo el sello de “individualizado”.

En la página 70, lejos de dar un golpe sobre la mesa y exigir los cambios ineludibles que necesitamos para revertir los problemas de salud que tenemos, encontramos una burda justificación al estilo “la vida es así”,  esgrimiendo el derecho de las empresas a publicitar cualquier cosa:

“El conflicto se muestra a través de la publicidad y de la venta de alimentos a menores, donde los intereses legítimos de las empresas del sector alimentario para promover y ofrecer sus productos chocan con la necesaria protección de los más vulnerables. La libertad de elección de unos, y la también libertad de promoción publicitaria de otros, diluye la responsabilidad sobre los malos hábitos alimentarios y sobre el deterioro de la dieta.”

Coincidimos con Cecilia Díaz en que «la falta de conocimiento de este sistema alimentario ha provocado un aumento del escepticismo del ciudadano en el alimento y en los agentes que intervienen en el sistema alimentario, muy especialmente en las empresas del sector alimentario, pero también en los poderes públicos, por su ineficacia como garantes de los derechos de la ciudadanía». Pero es que resulta que no nos hemos preocupado de regular ni el sistema alimentario, ni a los grandes grupos de presión o multinacionales para proteger la salud de la población, ni tampoco para ganarnos por lo tanto la confianza del pueblo en este sentido.

El documento también hace alusión al medio ambiente, y al impacto ambiental de nuestra alimentación:

“Llevar una dieta sostenible es tener en cuenta la seguridad alimentaria, el poder alimentar a todo el planeta y el impacto que nuestra alimentación tiene sobre el mismo, buscando fórmulas de alimentación que respeten el medioambiente. Estas pautas de alimentación están reconocidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).” p 45.

Y resaltan estrategias en la reducción de desperdicio alimentario, en la generación y el tratamiento de residuos, en la producción de nuevos envases, en el reciclaje y la reutilización, y aunque proponen para el debate estrategias centradas en el consumo para reducir el impacto ambiental de la alimentación humana, y citan y enlazan el informe de la ONU sobre el cambio climático [1ª referencia (p40)], no señalan otras estrategias que proponen desde la ONU, como mejorar el uso que se hace del suelo, o reducir el consumo de alimentos de origen animal.

Para terminar, y en calidad de la seriedad del asunto que tratamos, nos gustaría resaltar un dato más que aparece en el informe titulado, Alimentación, factor clave de salud y sostenibilidad:

En España, nueve de cada diez fallecimientos se deben a enfermedades crónicas y el 80% del gasto público se destina a este fin. Sin embargo, el alcance de la prevención puede llegar a evitar más del 80% de esta mortalidad prematura (p 34).

Las políticas que se deben hacer en materia de salud pública relacionadas con la alimentación son ineludibles dadas las cifras de enfermedades actuales y mortalidad, pero para asegurar que son eficaces, debemos ejecutar políticas con respaldo por la comunidad científica y libres de grupos económicos de presión, que en parte son responsables de la actual situación.

Como conclusión final a la lectura crítica de este documento, nos gustaría señalar que es importante que se tenga en cuenta los claros conflictos de interés de algunos de los autores y mecenas del documento, como pueden ser la CEOE y la Fundación Española del Corazón. Esto tiene un enorme sesgo potencial para centrar el debate en otros intereses lejos de promover la salud poblacional, y hay que ser muy cautos y respaldar las políticas en materia de Salud Pública en estudios científicos rigurosos, y no vale cualquier documento que pueda poner sobre la mesa políticas ineficaces o contraproducentes para cuidar la salud de la población.

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