Una disciplina saludable

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En el libro de hábitos saludables, hablamos de una disciplina saludable, como uno de esos hábitos que puede hacer mucho por mejorar nuestra salud.

En este breve artículo que estás leyendo sobre hábitos y disciplina, queremos profundizar un poco más sobre este concepto, del que también han escrito otros muchos autores y pensadores como Bertrand Russell, conocido filósofo inglés del siglo XX.

Russell, en su primer ensayo sobre educación –El lugar de la ciencia en una educación liberal (1913)- ya dijo que: “La educación, en el sentido en el que yo la entiendo, puede definirse como la formación, a través de la instrucción, de ciertos hábitos mentales y de cierto concepto de la vida y del mundo.” Para el filósofo, la educación no era solamente transmisión de conocimientos. Con la referencia a los hábitos hacía un guiño a su teoría de los impulsos primarios que caracterizan la naturaleza humana, y determinan la formación del carácter. Y al hacer alusión al concepto de la vida y el mundo refiere al carácter cultural de la educación, a su papel en la formación integral de la persona y no en la instrucción de habilidades, no en la vertiente utilitarista de la educación de formar trabajadores.
Russell le otorga más importancia a la libertad que a la disciplina, pero admite que cierta disciplina es necesaria en la educación de las personas.
Según Huberto Marraud, para Russell la disciplina interior surge de la propia voluntad y está ligada a la realización de los propios deseos, no a su represión. Es decir, la disciplina anhelada no consiste en obligaciones externas, sino en hábitos de pensamiento que llevan a actividades deseables. En tanto que la disciplina brota del propio individuo, es incompatible con su libertad. Y el mantenimiento de la disciplina es incompatible a su vez con el principio de reverencia (aquel que proporciona un criterio para diferenciar el adoctrinamiento de la genuina educación), concepto muy ligado al pensamiento crítico.
Russell por lo tanto concilia libertad y disciplina en el ámbito educativo a través de esa inquietud personal que mana del interior del individuo, oponiéndose a la exigencia tradicional de disciplina y autoritaria impuesta desde fuera.
Este concepto saludable de disciplina, que Russell no podía desvincular de la realización de las inquietudes, deseos y necesidades –eminentemente artísticas o de otra índole– son las que también nos evocó Viktor Frankl para escribir en hábitos saludables, que: “no podemos dejar de ver una relación fuerte con sus planteamientos, y unos férreos hábitos y una disciplina crítica y saludable, entendida como una hábil herramienta más que nos ofrece el amplio espectro de la inteligencia emocional.”
Priorizar aquellas actividades saludables que más nos gustan, es importante para aumentar la adherencia a la actividad física y para realizarnos y disfrutar de lo que hacemos. Foto practicando con el Bokken.
Está claro, y cualquiera que deje aquellas tareas que lo realizan, sus inquietudes más profundas por un determinado espacio de tiempo, lo puede comprobar; que cuando cesamos de realizar estas actividades que nos nutren y nos realizan personalmente, nuestro estado de salud merma en alguna medida, y suelen aparecer alteraciones o bajadas de ánimo en el plano emocional, repercutiendo en nuestra autopercepción de salud y en nuestro estado de ánimo. Pero también pueden aparecer síntomas físicos, bajar nuestro rendimiento, etc.
Organizar adecuadamente nuestro tiempo, con constancia y tesón para conseguir nuestros objetivos, es también una disciplina saludable. Y por supuesto, en el marco de una disciplina flexible que incluya hábitos físico-deportivos regulares, hábitos alimentarios saludables y otros hábitos, como los que ya abordamos en el libro Hábitos Saludables.

Como dijera Jorge Wagensberg: «No sé qué es la felicidad, pero sí la infelicidad: una insatisfacción creativa.»

Aprender de nuestros errores, extraer aprendizajes valiosos para evitar que se vuelvan a repetir, y aprovechar para incluirlos en nuestro acervo cultural, es otra herramienta que si conseguimos incluir en nuestros hábitos, como una disciplina, nos puede proporcionar enormes ventajas y prevenir posibles disgustos, como los que pueden derivar de culparnos, afligirnos y considerarnos responsables de la derrota por no haber conseguido nuestro propósito. Nunca debemos caer en esto, sino ver el fracaso como la mejor herramienta para mejorar y no volver a tropezar en la misma piedra. Si consideramos que no avanzamos, que nos abruman estos pensamientos de culpa negativos, quizá debamos buscar ayuda en un profesional de la psicología. No todo lo puede un pensamiento positivo, y una disciplina saludable.

A modo de conclusión de este pequeño texto sobre la disciplina; espero que sirvan para la reflexión un par de citas sobre el pensamiento de Bertrand Russell.

Russell asocia la vitalidad con la buena salud, en tanto que considera que “siempre está presente cuando hay una salud perfecta”. Sin embargo no la concibe como una cualidad fisiológica. La vitalidad parece consistir en el goce de vivir, en una disposición a interesarse por lo que sucede a nuestro alrededor y a tener iniciativas. Ese interés no está centrado en uno mismo, sino en acontecimientos externos, en lo que ocurre, y por ello promueve una cierta objetividad (Marraud, 2009).
Y antes de poner el punto final, me gustaría recordar que Russell distingue entre la habilidad (o conocimiento de los medios), de la sabiduría (o conocimiento de los fines), advirtiendo que la primera sin la segunda resulta a menudo destructiva. Como el mundo entero pudo comprobar con el ataque militar que supuso el fin de la segunda guerra mundial.

Referencias:

Aguilar, L., Hábitos saludables, los hábitos que más influyen en tu salud, Albacete, Colección LAS Salud, 2020.

Marraud, H., Bertrand Russell, un intelectual británico, Barcelona, Montesinos, 2009.

Wagensberg, J., A más cómo, menos por qué, Barcelona, Círculo de Lectores, 2006.

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