Pinar

Hábitos alimentarios en la población española

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El aumento de la prevalencia de enfermedades cardiovasculares, en especial el sobrepeso y la obesidad en la población española, ha llevado a plantearnos qué ha cambiado en nuestra alimentación durante los últimos años.

La mecanización del trabajo, las nuevas tecnologías, la publicidad, el consumismo, y el cambio de valores de la sociedad industrializada pueden tener la explicación.

Pero las conclusiones las dejaremos a cuenta del lector, simplemente presentaremos algunos hábitos alimentarios en la población española.

Un estudio (1) que comparó los índices aterogénicos de más de 60.000 trabajadores de Valencia y las Islas Baleares, concluye que uno de los indicadores más fiables para prevenir las enfermedades cardiovasculares, es el ejercicio físico regular.

Respecto a los hábitos alimentarios, más de la mitad de la población femenina estudiada consumía fruta y verdura con regularidad (13.143 mujeres frente a 12.829 que no las consumían) y en los varones los datos son peores (13.956 que sí, frente a 20.870 varones que no consumían suficiente fruta y verdura).

Los datos para el ejercicio físico son similares para las mujeres, y un poco mejores en varones (15.343 que practican y 19.483 que no).

En población mayor de 50 años, los datos son significativamente peores, en un estudio realizado en la provincia de Albacete (2), con una muestra de 781 personas, solamente el 9,9 % consumían al menos 2 raciones de verduras y hortalizas, y el 11% más de 3 raciones de frutas diarias.

Respecto a los frutos secos, el 27 % consumía entre 3 y 7 raciones por semana que recomienda la SENC (3).

En palabras de los autores hay un bajo cumplimiento de los criterios de alimentación saludable, siendo intermedio para el consumo de legumbres y carnes, y muy bajo en frutas, verduras y alimentos ricos en hidratos de carbono (2).

Alimentos con gran valor nutricional
Mandarinas, coliflor, fresas y sardinas en aceite de oliva, alimentos con un gran perfil nutricional.

Para personas mayores de 80 años no institucionalizadas, también se ha observado un bajo consumo de verduras, hortalizas y frutos secos, y un elevado consumo de embutidos (4). Los autores concluyen que estos hábitos se podrían corregir con ligeras modificaciones dietéticas.

En niños y adolescentes, los datos son alarmantes. El riesgo de pobreza aumenta el riesgo de malnutrición, tanto por defecto como por exceso, siendo desgraciadamente la obesidad una de las enfermedades más preocupantes entre los infantes de nuestro país (5).

La educación juega un papel fundamental, en la que las familias tienen un rol decisivo en la alimentación de los hijos.

Tristemente, al igual que el acceso a los fármacos imposibilita el tratamiento de muchas personas en nuestro país, la pobreza y el paro, limita el acceso a alimentos con alto valor nutricional (frutas, verdura, aceite de oliva, frutos secos, pescado…).

Lo que facilita el consumo de comida rápida, snacks, pasta… Esto unido al sedentarismo desemboca evidentemente en la enfermedad inflamatoria crónica que todos estamos pensando: la obesidad.

En general, la alimentación de la población española deja bastante que desear:

  • Bajo consumo de fruta y verdura.
  • Bajo consumo de cereales integrales y fibra.
  • Alto consumo de embutidos, carnes grasas y azúcares refinados.
  • Alto consumo de bollería, snacks, dulces y bebidas azucaradas.
  • Alta ingesta de sal. 9 de cada 10 españoles tomamos el doble del máximo de sal que deberíamos ingerir para evitar riesgos innecesarios (6).
  • Alto consumo de alcohol en determinadas poblaciones, especialmente en los jóvenes (6).

Para terminar, me gustaría recordar la importancia del consumo de fibra. La tasa de mortalidad disminuye un 23 % en las enfermedades cardiovasculares para personas con un alto consumo de fibra, frente a personas que no consumen tanta.

En el cáncer, la tasa de mortalidad disminuye un 17% (7). Los cereales integrales y las legumbres, así como la fruta y la verdura ayudan a conseguir los 30-35 g diarios de fibra recomendables.

Además, no hay que olvidar que para gozar de un buen estado de salud, hay otros factores además de la alimentación: el ejercicio regular, la socialización y evitar hábitos tóxicos facilitar un ambiente saludable.

BIBLIOGRAFÍA:

1. González AAL, Ledo YIR, Herrero MTV, Carmona MQ, Fuenmayor MMM, Fernández CN. Influencia del consumo de tabaco, actividad física, alimentación y edad en los valores de diferentes índices aterogénicos en población mediterránea española. Med Balear. 2014;29(2):23-31.

2. Blázquez Abellán G, López-Torres Hidalgo JD, Rabanales Sotos J, López-Torres López J, Val Jiménez CL. Alimentación saludable y autopercepción de salud. Aten Primaria [Internet]. [citado 20 de julio de 2016]; Disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0212656716000238

3. SENC. Guía de la alimentación saludable. 2004. 105 p.

4. Galiot AH, Cambrodón IG. CALIDAD DE LA DIETA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA MAYOR DE 80 AÑOS NO INSTITUCIONALIZADA. Nutr Hosp. 1 de junio de 2015;31(n06):2571-7.

5. Miqueleiz E, Lostao L, Ortega P, Santos JM, Astasio P, Regidor E. Patrón socioeconómico en la alimentación no saludable en niños y adolescentes en España. Aten Primaria. octubre de 2014;46(8):433-9.

6. Mateo MJ, Basulto J. Secretos de la gente sana: Cinco pasos para mejorar y conservar la salud. Penguin Random House Grupo Editorial España; 2012. 206 p.

7. Liu L, Wang S, Liu J. Fiber consumption and all-cause, cardiovascular, and cancer mortalities: A systematic review and meta-analysis of cohort studies. Mol Nutr Food Res. 1 de enero de 2015;59(1):139-46.

 

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