Alcohol y riesgo cardiovascular

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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la primera causa de muerte prematura en Europa. El consumo de alcohol es un factor de riesgo prevenible importante.

Unos adecuados hábitos de salud son importantes para prevenir y tratar estas ECV, que ocasionan además un coste sanitario considerable (1).

En España durante el 2009, las ECV causaron 120.057 muertes (329 muertes cada día: en total 54.815 defunciones en varones y 65.242 en mujeres), lo que supone el 31 % de todas las muertes (28 % en varones y 35 % en mujeres) (2).

Las tres principales enfermedades cardiovasculares son la enfermedad isquémica del corazón, la enfermedad cerebrovascular y la insuficiencia cardiaca, que en conjunto producen el 75 % de toda la mortalidad cardiovascular (2).

El tabaquismo, la hipertensión arterial, el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad, el consumo de alcohol y las dislipemias son los principales factores de riesgo cardiovascular modificables, y los principales objetivos a incidir en la educación de hábitos saludables de la población.

Se ha observado que las personas con trabajo sedentario, tienen aumentado los parámetros inflamatorios y de resistencia a la insulina, independientemente del ejercicio físico realizado (3).

En 2011, el 10% de la mortalidad total se puede atribuir al consumo de alcohol, y el 30% a accidentes de tráfico en edades comprendidas entre 15 y 64 años (4).

Las intoxicaciones etílicas agudas suponen entre el 0,5-1,1 % de las urgencias hospitalarias (4).

En España, aunque hemos descendido en el consumo de alcohol, todavía se considera que un 1,3 % de la población es bebedora de alto riesgo.

Este consumo es mayor en hombres que en mujeres (5), aunque los datos son de 2012. En la evolución del consumo de alcohol, comparando con 1987 (año en el que casi un 19% de la población se podía considerar bebedora de alto riesgo) se observa que el consumo de cerveza ha desplazado al de vino.

copas de vino

Todavía queda mucho que hacer en materia de educación y conciencición del consumo de alcohol, especialmente entre los más jóvenes que son los más susceptibles.

El consumo de alcohol no se puede ni se debe recomendar. Y menos desde el ámbito sanitario.

Aunque una copa de vino o cerveza puede ser compatible con un estilo de vida saludable;  para prevenir complicaciones y mejorar la salud pública, el mensaje debe ser: cuanto menos alcohol, mejor.

Bibliografía:

1. Graham I., Atar D., Boisen G. et al. Guías de práctica clínica sobre prevención de la enfermedad cardiovascular: Rev Esp Cardiol. 2008;61

2. Banegas J. R. Epidemiología de las enfermedades cardiovasculares en España: importancia de la dislipidemia. Rev Nefrol. 2013;4(4):s4–8.(1):e1–49.

3. León Latre M., Moreno Franco B. Et al. Sedentarismo y su relación con el perfil de riesgo cardiovascular, la resistencia a la insulina y la inflamación. Rev Esp Cardiol. 2014;67(6):449-55.

4. Population-based studies on alcohol-related harm in Spain [Internet]. [citado 6 de septiembre de 2016]. Disponible en: http://www.scielosp.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272014000400005

5. Galán I, González MJ, Valencia-Martín JL. Alcohol drinking patterns in Spain: a country in transition. Rev Esp Salud Pública. agosto de 2014;88(4):529-40.

 

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