Carne de laboratorio, ¿el futuro de la industria cárnica?

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“Sabe a albóndiga de ternera”, así comienza el artículo de El Independiente que nos cuenta cómo están revolucionando los nuevos conocimientos sobre células madre y biología molecular, la producción de carne.

Una nueva manera de producir alimentos, que de ser realidad en un futuro próximo (y esperan comercializarla en 2021) podría revolucionar no solo el mercado de la industria cárnica, sino también mejorar la salud medioambiental del planeta y reducir el sufrimiento y la sobreexplotación animal. El sueño de cualquier ecologista vegetariano.

Ovejas hacinadas
Ovejas hacinadas en una granja, no es la excepción, es la norma.

Carne de laboratorio; con todos los prejuicios que tendrá en la mente del consumidor, pero carne, seguramente algo diferente organolépticamente (ahora están trabajando en mejorar el perfil lipídico, pues les falta la palatabilidad que aportan las grasas a estas hamburguesas), pero al fin y al cabo proteína procedente de células madre del tejido muscular de animales, que crecen como las patatas en un huerto, pero en el laboratorio y con otros sustratos energéticos diferentes. Unas proteínas cárnicas que seguramente sean más sanas desde el punto de vista de la salud pública, pues será más fácil controlar las toxiinfecciones alimentarias.

De momento, falta mejorar la producción y abaratar costes hasta que sea una realidad en los supermercados. Y también falta una legislación que permita esta comercialización, pues es una categoría nueva de alimentos.

¿Se opondrá la industria cárnica alimentaria?

¿Se adaptarán y poco a poco desaparecerán las granjas y la explotación de animales?

Habrá que esperar.

No solo están trabajando en la producción de un tipo de carne, además de la ternera quieren comercializar carne de ave como el pollo o el pato. Sin ir más lejos, la carne de ave la presentó la empresa Menfis Meats la semana pasada, y parece ser que aspecto, sabor, textura y calidad convencieron a los críticos culinarios.

Pero no es la única empresa que trabaja en esta línea, hay más.

Pero, lo que me da que pensar es si realmente invierten en este proyecto por motivos ecologistas y medioambientales, altruistas (como disminuir la malnutrición infantil), o económicos. Y lamentablemente mi escepticismo existencial se decanta por este último.

Seguramente cuando ya tengan las hamburguesas, aparecerán snacks de ternera con alguna grasa saludable y barata que haya desbancado al aceite de palma, y algún almidón o edulcorante acalórico que le dé un toque dulzón y adictivo. Ojalá me equivoque.

Es lo que está pasando ahora con los dulces, las patatas, los cereales,… ¿por qué no hacerlo con una nueva carne recién salida de una macro-placa Petri?

Esperemos que las políticas alimentarias en un futuro escuchen más a los profesionales sanitarios, a aquellos que no tienen conflictos de intereses y no cobran de la industria alimentaria, preferentemente.

Y que el motor que haga girar las políticas de estos nuevos alimentos sea de verdad la salud pública y la del planeta Tierra.

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