El Hapkido en el marco de la educación física

(15) Las Artes Marciales para disminuir los comportamientos violentos

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En esta misma línea el trabajo de Pelegrín (54) recalca el papel que juegan las Artes Marciales para la prevención o disminución de conductas violentas en adolescentes y en el entorno físico-deportivo escolar.

Dicho artículo: “conducta agresiva y deporte”, propone diversas líneas de intervención para disminuir las conductas violentas, entre las que destacan la orientación a la tarea frente a la orientación al logro, el desarrollo de un razonamiento moral en los adolescentes, y la implicación de entrenadores, familia y amigos en la transmisión de valores deseables. Pero la línea de intervención que nos interesa en este capítulo es la que se basa en las Artes Marciales. En palabras de la autora:

“Diversos estudios apoyan el beneficio de las Artes Marciales en la reducción de la agresividad, la ansiedad, aumento de autoestima y autoconfianza y mejoramiento de la salud psicológica en general (54).”

Entre estos trabajos destaca el de Trulson (55), que comprobó en un estudio longitudinal con delincuentes juveniles como disminuía la agresividad y aumentaban otros atributos en los adolescentes: como la habilidad social, y la autoconfianza.

Además bajó la ansiedad en el grupo que practicó Taekwondo tradicional (con la práctica de formas, meditación y filosofía). Pero paradójicamente el grupo que practicó Taekwondo moderno o competitivo, mostraron mayores niveles de delincuencia, agresividad, y efectos negativos en habilidades sociales y ansiedad (seguramente por la orientación al logro y el deseo de victoria). El tercer grupo (control) que practicaron actividades para mejorar la salud y para ayudarles a madurar, presentaron ligeras mejoras en la confianza en sí mismos y otras habilidades sociales.

 

Otras teorías como la del aprendizaje social (Bandura) extrapoladas a la agresividad y las Artes Marciales pueden justificar que estas fomentan la violencia, ya que esta teoría sugiere que el comportamiento se puede explicar con el aprendizaje vicario u observacional; y las Artes Marciales contienen las herramientas adecuadas para convertir personas violentas (ya que tienen patadas, puñetazos, llaves…) no obstante, la realidad y la experiencia nos dice lo contrario. Los practicantes de Artes Marciales son menos violentos que el resto.

Pero ¿por qué?

 

La respuesta parece estar en la forma de dar las clases, la metodología, y los valores y actitudes que fomentamos en cada clase. Por decirlo de otra manera, va a depender del tipo de persona que como maestros, queramos crear. Aquí radica la importancia de escoger valores como el respeto frente a la competitividad, la humildad frente a la soberbia o el orgullo, el compañerismo y el trabajo en equipo frente a las ganas de triunfo, y sembrar un clima amigable en la clase que favorezca un aprendizaje agradable y que les permita disfrutar de lo que hacen, que les permita disfrutar del Hapkido.

Coincidiendo totalmente con Seig B (2004), los maestros deben responsabilizarse en mayor medida del grado de desarrollo personal de sus estudiantes (51).

Clase de artes marciales, saludo, hapkido

A mediados de los 90 en Estados Unidos, Abernathy S.E. publicó su tesis (56) bajo el título de “TaeKwonDo como innovación educativa en el currículum escolar” y por entonces la autora ya señalaba que para la inclusión de las Artes Marciales en la educación escolar son imprescindibles dos factores: una planificación adecuada y profesionales cualificados.

En el trabajo, casi un 72% de los docentes se mostró de acuerdo con que las Artes Marciales son un contenido válido para high school si estas se impartían por profesores y artistas marciales cualificados. En el caso de middle school rondaba el 73% de respuestas a favor, y para la escuela elementaria el 61%.

 4.5. La defensa personal en la escuela

Son numerosos los beneficios que aporta este tipo de actividades a los educandos. Desde el punto de vista psicosocial, repercute positivamente en la confianza en sí mismos, autonomía e independencia de los jóvenes, aumentando significativamente su autoestima al poder resolver cada vez situaciones más complejas que simulen una agresión real.

En el ámbito de los valores se ha demostrado que el tratamiento de la defensa personal en las clases de E.F. disminuye significativamente las conductas agresivas dentro y fuera de las aulas (12,57–59).

Conocer y vivenciar estas situaciones en clase, ayuda a comprender lo que sienten los que las sufren, sembrando la empatía por los compañeros, el respeto, la justicia y la solidaridad en las situaciones en las que se pueda ayudar a una persona que está siendo agredida. Además que el trabajo y la insistencia del maestro en la no violencia, y el uso exclusivo de este conocimiento práctico para situaciones extremas en las que de verdad corra peligro nuestra integridad física o la de otros, tiene su fruto en los niños y adolescentes reforzando los valores de los que hablábamos anteriormente.

De hecho de no ser así, habría que hacer un análisis de nuestras clases y prestar más atención al comportamiento y las reacciones de los alumnos, así como al currículum oculto, y volver a repasar el contenido que impartimos para reconsiderar que es el adecuado para la madurez y características de nuestros alumnos.

Es importante no tener prisa ni intentar avanzar más de la cuenta, y asegurar bien los pilares de los valores, sobre todo el respeto y la colaboración en el aprendizaje.

Este proceso de educación en valores es largo y constante, y requiere la colaboración de otros significativos para los chicos y chicas (padres, entrenadores, amigos…) e incluso la sociedad entera para que esta educación sea efectiva. De poco sirve intentar cambiar las cosas cuando en la televisión o en partidos de fútbol se premia “la picaresca” y no se fomenta el juego limpio. En ocasiones es interesante plantearse en qué ámbitos damos buen ejemplo a los jóvenes, y en qué otras situaciones podemos mejorar.

Por lo tanto para introducir la defensa personal en la escuela, somos conscientes de que no podemos aplicar técnicas contundentes o “peligrosas” al inicio de la progresión, aunque por otro lado sería lo ideal si quisiéramos enseñar correctamente la defensa personal propiamente dicha. No obstante, como la educación en valores es la base, consideramos que la defensa personal ha de estar subordinada a la educación en valores, y a medida que estos avancen, avanzaremos en la defensa personal. Por esto, los conocimientos marciales han de ser progresivos a medida que avanza el razonamiento moral de los estudiantes.

alumnos artes marciales

Siguiendo a Whiting y Edwards, es durante la adolescencia cuando se incrementan la empatía y el juicio moral así como habilidades cognitivas que repercuten en el comportamiento prosocial y en el reconocimiento del valor de ayudar a otros (en Morales y Trianes 2012) (60), siendo esta edad la ideal para la intervención psicoeducativa que mejore la convivencia en la etapa de educación secundaria.

Con la transmisión del conocimiento en defensa personal acorde al razonamiento moral del alumno queremos decir que a alumnos conflictivos de 14 o 16 años, no podremos enseñarles las mismas técnicas que a un grupo de 17 años cohesionado, motivado por aprender y que muestre un comportamiento adecuado y una buena asimilación de valores, y que por lo tanto, presumiblemente no vayan a  utilizar este conocimiento en la defensa personal con fines no deseables o agresivos. En cambio, para el grupo conflictivo, los desplazamientos, los bloqueos ante diversos ataques, el trabajo básico de inmovilizaciones y control con el propio cuerpo, y las llaves fundamentales, son el principio para que con un trabajo persistente puedan alcanzar mayores cotas de autocontrol y el trabajo en valores que perseguimos y es necesario e imprescindible para llegar a comprender un Arte Marcial.

Esto no es nuevo, y los Maestros orientales ya lo utilizaban desde tiempos inmemoriales; hasta que no estaban seguros de que un alumno era “digno de recibir sus enseñanzas” no le enseñaban las técnicas o conocimientos del arte marcial.

 

Actualmente, al enseñar en la escuela a grupos heterogéneos demos de ser cuidadosos con la enseñanza de técnicas potencialmente peligrosas, pero lo realmente importante es educar en el respeto, la humildad y la no violencia.

Además de todas estas aportaciones, también se fomenta el espíritu crítico y otras competencias básicas, que desde la Administración educativa insisten tanto en que difundamos e intentemos enseñar transversalmente.

El próximo viernes 20 de Octubre seguiremos con los beneficios de la defensa personal.

 

Bibliografía:

  1. Abelar B., Figueiredo A. La iniciación a los deportes de combate: interpretación de la estructura del fenómeno lúdico luctatorio. J Asian Martial Arts. 2009;4(3):44–57.
  1. Seig B. M.S. Gravitation versus change: explaining the relationship between Personality traits and Martial Arts Training. J Asian Martial Arts. 2004;13(3):8–23.
  2. Pelegrín Muñoz, A. Conducta agresiva y deporte. Cuad Psicol Deporte. 2002;2(1):39–56.
  3. Trulson M. Martial arts training: A novel cure for juvenile delinquency. Hum Relat. 1986;39(2):1131–40.
  4. Abernathy S. E. Traditional Tae Kwon Do: A Curriculum Innovation for Elementary Physical Education [Internet]. Middle Tennessee State University; 1995. Available from: http://jewlscholar.mtsu.edu/bitstream/handle/mtsu/3705/9536076.pdf?sequence=1&isAllowed=y
  5. Tejero González C. M., Ibañez Cano A., Pérez Alonso A. Cultura de la paz y no violencia. La defensa personal como propuesta educativa. Rev Int Med Cienc Act Física El Deporte. 2008;8(3):199–211.
  6. Tejero González C. M., Balsalobre Fernández C. Práctica de Artes Marciales y niveles de actitud hacia la violencia en adolescentes. Rev Cienc Deporte. 2011;7 (suppl):13–21.
  7. Tejero González C. M., Ibañez Cano A., Balsalobre Fernández C. La defensa personal como intervención educativa en la modificación de actitudes violentas. Rev Int Med Cienc Act Física El Deporte. 2011;11(43):513–30.
  8. Morales Rodríguez F.M., Trianes Torres M.V. Análisis de valores y actitudes en temas morales en estudiantes de Educación Secundaria. Psicol Educ. 18(1):65–77.

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