El Hapkido en el marco de la educación física

(16) Beneficios de la defensa personal

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Los beneficios que podemos extraer de la defensa personal abarcan:

 

  • Confianza en uno mismo

Saber defenderse ante diversas situaciones genera un sentimiento de autoconfianza importante, sobre todo cuanto mayor es el nivel adquirido. Generalmente a los tres años de práctica de un arte marcial es cuando se empieza a notar la confianza en uno mismo, aunque antes también puede aparecer, y evidentemente aumenta con la práctica y la frecuencia de entrenamiento. Se suele decir que el mejor artista marcial no es el que más adornos y movimientos utiliza para vencer a su oponente, si no el que lo hace con menos movimientos y el menor esfuerzo posible.

En el caso de la defensa personal es igual, cuanto menos tiempo y energía usemos, mejor. Este parámetro de eficiencia se puede aplicar conociendo varias maneras de defendernos ante un mismo ataque, por ejemplo ante un puñetazo, o simplemente sabiendo una o dos formas de esquivarlo pero que se puedan aplicar a cuantas más situaciones posibles, mejor. Si se da el caso de solamente conocer una forma de defendernos ante ese puñetazo, seguramente seamos eficientes porque sabremos realizarla bien (sólo sabemos cómo esquivar el ataque de esta forma). Pero seremos más eficaces todavía si conocemos varias formas, y además somos capaces de escoger en el corto espacio de tiempo que dura el ataque, la manera más apropiada para repelerlo. En este sentido podemos identificar la metáfora de la llave, con su función, que es abrir puertas.

Cuantas más técnicas o llaves conozcamos, más puertas tendremos para escaparnos ante una agresión.

Una de las máximas de la defensa personal en el Hapkido es defendernos de manera proporcional al ataque y la intensidad de la agresión, así como el riesgo real que entrañe la situación. Evidentemente no utilizaremos la misma intensidad ante un agresor menos corpulento que nosotros, que ante tres atacantes más fuertes que nosotros.

 

  • Autonomía, independencia y seguridad

Relacionado con el anterior, a más confianza más autonomía tendremos en actividades de la vida diaria, aquellas que supongan recorrer trayectos peligrosos de noche, o vivir tranquilos y seguros y sin pensar que en cualquier momento nos pueden sorprender andando por la calle. El adolescente antes podrá prescindir de la compañía de sus padres para realizar determinadas tareas o recados cuanto más altos sean estos tres sentimientos de autonomía, independencia y seguridad.

ataque arma blanca

  • Autoestima y modificación del autoconcepto

Según Kalish, en (61), el autoconcepto es considerado como la imagen que cada sujeto tiene de su persona, reflejando sus experiencias y la estructura cognoscitiva que contiene modos en que estas experiencias se interpretan. La formación del autoconcepto se produce en la adolescencia, y es en este periodo cuando es más modificable. Influyen numerosas variables psicológicas en el autoconcepto: bienestar/malestar psicológico, imagen corporal y trastornos alimenticios, influencias mediáticas, estilos de vida y otros.

Este estudio de Ruiz de Ázua es interesante porque muestra la relación entre el tipo de deporte practicado y su repercusión en el autoconcepto, dividido en las cuatro condiciones de habilidad, condición física, atractivo físico y fuerza. Los practicantes de Artes Marciales muestran los mejores niveles de percepción del autoconcepto físico en la fuerza, se perciben atractivos físicamente (sólo por detrás de los futbolistas) aunque esto no guarde relación con el aumento de la práctica deportiva; en condición física se perciben los cuartos, por detrás de corredores y futbolistas.

 

Tabla 7. Diferencias en las dimensiones del Cuestionario de Autoconcepto Físico en función del tipo de deporte practicado. Extraído de Ruiz de Ázua (2005). (61)

 

Hombres y mujeres aumentan su autoconcepto físico a medida que aumenta la actividad física, pero en las mujeres el atractivo físico y el autoconcepto físico general presenta un comportamiento diferente al de los hombres, disminuyendo en el grupo que realiza actividad física más de 3 veces por semana. Resultados parecidos ofrecen otros autores que han visto casos en los que el aumento de ejercicio físico en mujeres se relaciona con insatisfacción corporal y distorsión de la imagen corporal.

 

  • Empatía, comprensión del mundo que les rodea y autocontrol

El hecho de haber sufrido una agresión, un robo o algún altercado callejero es un mal trago para cualquiera. Sin necesidad de haberlo sufrido, en nuestras clases podemos hacerles llegar a comprender a los educandos lo que supone para la víctima, o por lo menos, que imaginen lo que podría llegar a significar este tipo de conductas agresivas, así como que lleguen a entender que los motivos que mueven a los agresores pueden ser muy diversos (como las drogas, la pobreza, o un sentimiento de frustración o superioridad…). Aquí es donde la empatía, tras comprender que no debemos hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros, se convierte en autocontrol; autocontrol también a la hora de regular la intensidad de nuestras técnicas y seguir el principio del Arte Marcial japonés Aikido, este es, hacer el menor daño posible a nuestro agresor.

  • Capacidad de reacción

Entrenar en la defensa personal supone aproximarse lo máximo posible a una situación real que se puede desarrollar en la calle. Por lo tanto toda nuestra atención va a estar centrada en el agresor, intentando asimilar y procesar toda la información que podamos extraer de su cuerpo, sus movimientos, y sus intenciones con el objetivo de poder anticiparnos a él.

Hapkido técnica de puño

Al principio los movimientos de los alumnos serán lentos ya que la coordinación requiere trabajo y entrenamiento, pero con el paso del tiempo adquirirán la soltura necesaria hasta llegar al punto de aplicar técnicas sin saber el ataque que nos va a realizar el compañero (aunque esto normalmente por el poco tiempo del que se dispone en el colegio no se suela realizar). Sin embargo podemos realizar ejercicios en los que el atacante, Kongkyok ja en Coreano, puede escoger dos o tres formas de atacar, y en función de estas, el alumno debe defenderse de una forma u otra, mejorando así su capacidad de reacción.

Posteriormente, con el entrenamiento, el alumno será capaz de inventar nuevas formas de defensa o variantes atendiendo a cada situación.

  • Espíritu crítico

El espíritu crítico está presente en todo el proceso educativo, o al menos así lo entendemos. Lo podríamos definir como el proceso de reflexión intrínseco de cada alumno propio del proceso de aprendizaje, dicho con otras palabras: enseñarles a pensar.

El trabajo de la defensa personal obliga a que el alumno se haga preguntas en cuanto a las técnicas explicadas por el profesor, a la vez que se planteará el porqué de esto, y el porqué no de lo otro.

Buscará eficacia y velocidad en los golpes y bloqueos, y seguridad en las técnicas empezando por una posición estable en la que no seamos fáciles de desequilibrar.

Intentará comprender las conductas agresivas y darles una explicación racional desde su lógica y la propia experiencia; lo cual está relacionado con el punto anterior: la empatía, comprensión del mundo que les rodea y autocontrol.

  • Valores como el compañerismo, el respeto, la justicia y la solidaridad

Pese a estar en el séptimo lugar, habría que poner la educación en valores en el primer puesto si la importancia guardara relación con la enumeración de los beneficios y las características que debe impregnar la defensa personal.

Como antes comentábamos, tanto la escuela como la familia lucha por educar a sus hijos; pero la realidad es que no colaboran el resto de instituciones. La prensa aporta noticias absurdas y de escasa credibilidad, manipuladas en algunos casos, y poco fieles a la verdad en otros, como podemos comprobar al leer la misma noticia en distintos medios.

Por otro lado la publicidad nos incita a cultivar nuestro cuerpo como si de una escultura griega se tratara, se fomenta la hipertrofia muscular (aumento de la masa muscular) en el hombre y la anorexia y la delgadez en las mujeres en vez de inculcar hábitos saludables y fomentar el disfrute del cuerpo sin que importe tanto nuestra apariencia física. En este sentido, una educación en el respeto y la tolerancia por los demás es fundamental, aspecto que choca contundentemente con la realidad competitiva del mundo en el que nos quieren hacer pensar que vivimos.

Los modales y la buena educación brilla por su ausencia en televisión, los deportistas “profesionales” se insultan y se pelean como si fueran inconscientes de que los están grabando, y están siendo vistos por millones de personas, entre ellas niños, que más tarde reproducirán esas conductas porque son los patrones con los que se han criado (lo mismo ocurre con videojuegos violentos).

Algunos entrenadores prefieren que su equipo de 14 años gane a toda costa, a cualquier precio, en vez de hacerles disfrutar pues al fin y al cabo son niños. Pero si además de un mal entrenador que fomenta la competitividad y el ansia de triunfo, los padres gritan desde la grada confundiendo al niño y animándolo a que se comporte de manera poco deportiva, y gritándole al árbitro,  mal vamos. Este es un campo en el que todavía queda mucho por hacer, y es imprescindible el compromiso tanto de profesores y educadores como del resto de personas: la sociedad entera, para intentar erradicar estas conductas violentas y primitivas. De no ser así, no sólo hacen un flaco favor a los niños, sino a toda la generación futura. Hay un dicho africano que dice que para educar a un niño hace falta toda la tribu. Como personas que somos, el pensamiento colectivo es un valor que no debería perderse por mucho que avance la ciencia, o la tecnología.

La educación en valores es un tema transversal en el currículum de la E.S.O., lo que implica que al no tratarse de contenidos explícitos, pueden obviarse o pasarse por alto en determinadas actividades (62). Así, coincidimos con los autores en que estos valores deben tratarse con actividades o tareas destinadas para la adquisición de los mismos, y no solamente aprovechar peleas en clase para recordar que debemos ser buenos compañeros y respetar al oponente.

De esta manera, el trabajo de la defensa personal puede ayudarnos a conseguir enseñar respeto, solidaridad, compañerismo y justicia entre otros valores que deben impregnar todas las áreas de la educación.

  • Analizar las consecuencias de una agresión

Que podamos o sepamos defendernos no significa que tengamos que hacer uso de este conocimiento. Pese al dicho popular de que  “correr es de cobardes” volvemos a argumentar otra vez que la violencia es siempre la última alternativa, el último recurso; y por lo tanto es mucho más noble, sabio y ético, eludir una situación conflictiva en la que no tenemos nada que ganar ni nada que demostrar, que enfrentarse a esta situación de agresión, ya que en este caso estaremos asumiendo unos riesgos que podemos evitar.

Si el fin de la defensa personal es salvaguardar nuestra integridad física y protegernos, siempre tendremos más posibilidades de éxito escapándonos y huyendo que enfrentándonos al agresor. Si bien es cierto que no siempre se plantea esta alternativa.

Aquí es donde reside la importancia de enseñar la defensa personal.

Puede parecer una pérdida de tiempo aprender algo que posiblemente (a efectos prácticos) no lleguemos a usar nunca, de hecho sería lo ideal, que no hubiera violencia. Pero paradójicamente, y aunque nunca utilizáramos la defensa personal, habríamos bebido de los valores, la confianza y todos los beneficios anteriores que hemos visto que aporta el trabajo de la defensa personal. En consecuencia, trabajamos un valor más, al igual que otros profesores, tanto de educación secundaria, como universitarios. Y consideramos por lo tanto primordial trabajar en el área de E.F.: la responsabilidad (62).

 

Bibliografía:

  1. Ruiz de Ázua S. Los efectos ambiguos de la práctica deportiva sobre el autoconcepto. Rev Psicodidáct. 2005;10(1):139–48.
  2. Martínez, R., Cepero, M., Collado, D., Padial, R., Pérez, A., Palomares, J. Adquisición de valores y actitudes mediante el juego y el deporte en E.F., en Educación Secundaria. J Sport Health Res. 2014;6(3):207–16.

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