El Hapkido en el marco de la educación física

(14) Hapkido y defensa personal

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4.1. Concepto de defensa personal

Diversos autores han eludido a las virtudes la defensa personal como contenido enriquecedor para incluirlo en la escuela. Como Villamón, Espartero y Gutiérrez (77) en el caso del judo. Este ha sido uno de las artes marciales de las que más se ha publicado en el entorno escolar, y muchas de sus características son extrapolables a otras artes marciales.

La defensa personal es el conjunto de técnicas y habilidades que desarrollamos en una situación de agresión para defender nuestra integridad física o la de un tercero. Por lo tanto la defensa personal puede ser aprendida, o natural (instintiva).

Desde cada arte marcial, la aproximación a la defensa personal será diferente, pero todas aspiran a alcanzar el éxito en confrontaciones cuerpo a cuerpo, por lo que las artes marciales serán una manera eficiente de abordar la enseñanza de la defensa personal, siempre y cuando no se olviden los valores de respeto, compañerismo, la no-violencia y facilitar el aprendizaje de los compañeros.

Además de los beneficios físicos de entrenar Hapkido, este nos aporta beneficios psicológicos ante la posible situación de defensa personal: mantener la calma, intentar evitar la confrontación, pero estar en guardia y atento ante posibles vías de escape, oponentes, movimientos de los sospechosos… Este aumento de autoconcepto y autoestima puede resultar crucial ante una posible agresión.

Como dice Carmelo Ríos (78) a menudo son descritas las artes marciales como sistemas de autodefensa, pero se acentúa excesivamente la vertiente marcial –de Marte- Dios de la guerra- en detrimento de su dimensión artística y creativa. Y continúa citando unas palabras de Morehei Ueshiba, creador del Aikido:

“La verdadera autodefensa no es solamente el estudio o la aplicación de técnicas corporales, ella es, ante todo, la modificación completa de la mente. Es preciso cambiar de conciencia. Algunas técnicas o un cuerpo vigoroso no son suficientes, no son más que instrumentos al servicio del espíritu.”

Gandhi

Para Gandhi, la no-violencia es una actitud positiva de oposición al mal y a la injusticia, utilizando la fuerza de la verdad, la justicia y el amor, armas con las que el no-violento enfrenta la fuerza de la razón a la razón de la fuerza.

La no violencia nos enseña a mediar, a encontrar puntos comunes, a restablecer la paz, pero nos prohíbe taxativamente mantenernos neutrales en el conflicto (78).

Para hablar de no violencia debe haber un conflicto. Y esta consistirá en rechazar la violencia, la injusticia, el abuso y la mentira.

 

“La verdadera vía de las armas consiste no solamente en neutralizar al enemigo, sino en dirigirlo de manera que abandone voluntariamente su espíritu hostil.” (M. Ueshiba.)

También en Japón, encontramos un principio muy relacionado con la no violencia: el Hei-ho. El arte de la paz o vencer sin combatir. Este ha sido uno de los principio de las artes marciales japonesas como el Kárate, pero en otras artes orientales también ha dejado impreso su sello.

 

4.2. La importancia del maestro

Pensamos que un buen maestro de Hapkido o de Artes Marciales, un buen profesor de E.F. debe hacer disfrutar a sus alumnos y alumnas mientras aprenden. Debe sembrarles la curiosidad por los contenidos, y ser capaz de motivarlos mediante las tareas, debe vigilar que las técnicas y la ejecución se desarrollen correctamente; pero el nivel de exigencia no debe ser desmesurado, pues también tiene que procurar que los chicos y chicas aprendan otras destrezas sociales y valores. Así, en un gesto de confianza podrá otorgarles más autonomía e independencia para centrarse en los aspectos sociales y organizativos de la sesión, la autonomía técnica de los alumnos será bien valorada y siempre podrán preguntar cualquier duda, pero a veces equivocarse es el mejor camino para conseguir un buen aprendizaje.

entrenamiento Hapkido en playa

Un ambiente saludable, serio y riguroso dentro de las posibilidades y características de los adolescentes es fundamental, y el profesor debe saber dónde está el límite. Tolerancia cero a comportamientos violentos, racistas, machistas o discriminatorios de cualquier tipo. Esto requiere todos los sentidos del docente, pues muchas veces estos comportamientos ocurren lejos del área visual o auditiva del maestro, y se suelen quedar dentro del currículum oculto: no lo vemos. Los chicos saben que estos comportamientos no son socialmente admitidos, pero en la efervescencia hormonal que sufren, el sentimiento de hacerse notar y sobresalir, y el miedo o el “respeto” que pueden infligir a través de conductas violentas provoca en ocasiones dependencia y un refuerzo positivo (tanto el ejercido por algunos compañeros como por el bienestar que asocian a su nueva posición de poder).

Por lo tanto es capital el papel del maestro en esta etapa para hacer comprender a los infantes que este tipo de comportamiento es deleznable y digno de denunciar.

Las nuevas tecnologías han provocado que el bulling escolar traspase el horario y las pareces educativas, siendo mucho más cruel y agobiante. Mensajes de texto, amenazas y extorsión a distancia mediante chats o vídeos,  lamentablemente ocurren hoy en día y son más comunes de lo que desearíamos. Esto obliga al docente a preocuparse más allá de su horario lectivo por sus alumnos y alumnas. Pero el papel de la prevención es mucho más efectivo que el castigo o la posible solución posterior al problema.

El diálogo, la empatía y el razonamiento moral parecen ser buenas herramientas para erradicar estos comportamientos, pero la heterogeneidad de personas y contextos convierten este problema en algo realmente preocupante.

Binder (50), en una revisión del año 1999, encontró una relación positiva entre el grado de agresividad de los instructores en Artes Marciales y la de sus estudiantes. Hemos de tener en cuenta que como profesores, tenemos una gran responsabilidad no solo para con nuestros alumnos, si no con el resto de la sociedad. El trabajo que desarrollamos en clase y los valores e ideales que enseñemos van a tener una gran trascendencia en la vida de nuestros jóvenes.

 

4.3. Características psicológicas y conductuales de los artistas marciales

 

Hay varias teorías que intentan explicar los cambios de comportamiento y personalidad en los practicantes de Artes Marciales. En psicología la hipótesis del cambio sugiere que el entrenamiento puede inducir un cambio de personalidad en los practicantes de Artes Marciales. Opuesta a esta hipótesis destaca la de la gravitación, que defiende que ciertos tipos de personalidad son atraídos hacia las Artes Marciales y estas a su vez son más propensas a conseguir buenos resultados en el Arte Marcial, o dicho de otra forma, estos individuos con unas características de personalidad predispuestas tienden a gravitar hacia la excelencia en determinados deportes (51).

Diversos autores han encontrado diferencias de la personalidad entre los principiantes y los avanzados en las Artes Marciales, lo que a priori parece ser efecto del entrenamiento, coincidiendo con la teoría del cambio.

Fuller en 1988, (52) encontró que entre las características de los artistas marciales más experimentados destacaban un aumento de la vitalidad, la inteligencia, la estabilidad emocional, la confianza en sí mismos, y un mayor estado de relajación en comparación con los principiantes. Los autores optaron por atribuir el incremento del cociente intelectual al aumento de la relajación mental y la concentración adquirida durante el entrenamiento.

En un estudio con karatekas se observó que el 79% aumentó su determinación y un 93% aumentó la confianza en sí mismo, ambos beneficios los autores lo atribuyeron al entrenamiento del Arte Marcial. Aunque muchos de estas observaciones en ocasiones se basan más en percepciones subjetivas de los investigadores o entrenadores, más que en la evidencia científica (51).

Continuando con el trabajo de revisión de Seig B. (2004) (51), diferentes autores han encontrado rasgos de personalidad en los principiantes de Artes Marciales tales como inseguridad, vulnerabilidad y un menor sentimiento de control, así como una mayor hostilidad que se observó que se redujo con el entrenamiento.

Otro dato interesante es que practicantes intermedios o avanzados en un Arte Marcial moderno (deportivo o competitivo), presentaban niveles más altos de agresividad que sus mismos compañeros del estilo tradicional y la diferencia aumenta conforme se aumenta de nivel. Lo que crea la necesidad de enseñar la tradición, la historia, las costumbres y la filosofía inherente a cualquier Arte Marcial, y más aún si hablamos de un contexto como la educación escolar. Aprender y dejar aprender, sin necesidad de demostrar que nadie es mejor que nadie, simplemente competimos con nosotros mismos, y mejoramos con respecto a lo que sabíamos.

 

Siguiendo la teoría de la gravitación varios investigadores han querido ver la relación entre los principiantes de distintas Artes Marciales y sus rasgos de personalidad.

No obstante nosotros pensamos que independientemente de la personalidad hay otros factores que acercan a los artistas marciales y son incluso más influyentes, como por ejemplo, conocer a alguien que te hable bien de ella, tener un buen maestro, disponibilidad o cercanía al lugar de entrenamiento, o querer realizar un tipo de ejercicio específico o un Arte Marcial determinado.

 

Madden observó que en un semestre, estudiantes que desarrollaron 29 clases de Karate aumentaron su forma física, se sintieron menos vulnerables al finalizar el estudio, y con menor depresión, también mejoraron su confianza ante posibles situaciones de agresiones reales. Pese a que estos beneficios de menor depresión o el aumento de la forma física no son atribuibles a la práctica de Artes Marciales exclusivamente, sino más bien de la actividad física en general, también son un una buena justificación para incluirlos en currículum escolar (53).

En muchos trabajos se ha visto una relación positiva entre las Artes Marciales en instituciones educativas y una disminución de las conductas violentas. Entre estos trabajos cabe destacar el de Douglas Wile en 2014 (6), que cita más de diez referencias en las que se han evidenciado estos efectos de disminución de comportamientos agresivos en jóvenes, atribuibles según el autor a la disciplina y el respeto inherente en la cultura de las clases de Artes Marciales.

 

Bibliografía:

6. Douglas Wile. Asian Martial Arts in the Asian Studies Curriculum. Journal Media Cult Stud. 2014;1–61.

  1. Binder B. Psychosocial benefits of the martial arts: Myth or reality? A literature review. [Internet]. 1999. Available from: http://az12497.vo.msecnd.net/d5a85854c0eb427f8a9692536b1f451c/MyDocuments/benefits.pdf
  2. Seig B. M.S. Gravitation versus change: explaining the relationship between Personality traits and Martial Arts Training. J Asian Martial Arts. 2004;13(3):8–23.
  3. Fuller J. Martial arts and psychological health. Br J Med Psychol. 1988;61:317–28.
  4. Madden Margaret E. Attributions of control and vulnerability at the beginning and end of a Karate course. Percept Mot Skills. 1990;70:787–94.

77.Espartero, J., Gutiérrez, C., Villamón, M. La aplicación del judo como defensa personal en educación física: aproximación a un marco ético. Educ. Fis. Deporte. 2005; 24 (1): 91-9. Available: http://bases.bireme.br/cgi-bin/wxislind.exe/iah/online/?IsisScript=iah/iah.xis&src=google&base=LILACS&lang=p&nextAction=lnk&exprSearch=677086&indexSearch=ID

78. Ríos, C. (2009). Artes marciales y no-violencia. 32p.

 

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